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Buenos Aires, buenos barriosBuenos Aires, good neighbourhoods

Quizás sea "barrio" la palabra más urbana del idioma de Buenos Aires, la que más dice del enlace entre la esencia de la ciudad y la gente que vive. Porque decir barrio, en Buenos Aires, es determinar una pertenencia, una identidad, un referente de escala y carácter, de mitos y de ritos que recortan de la ciudad estas áreas para vivir, diferenciadas del centro, del puerto, de la city o del suburbio. (...) Los barrios han sido los enclaves de la inmigración, que extendió una mancha urbana de manzanas de 100m x 100m, aparceladas en lotes de 10 varas de frente (8.66 m). Se generó así la aritmética para una trama que le impuso ciudad a las chacras existentes. El puerto, como explicitación de una ciudad administradora de la agro-exportación, fue el centro donde se clavó un compás que iba trazando radios desde el Río de la Plata hacia una Pampa infinita. El pulso de los inmigrantes venidos a "hacer la América" aceleró el avance de esos círculos concéntricos, y gestó la secuencia de situaciones urbanas que dieron la pauta de un mito residencial: nuestros barrios. Este mito y sus rituales hacen que hoy, ochenta años después, sigamos entendiendo en nuestra jerga lo que es una "chica de barrio", identificando a un club de fútbol con su entorno, reconociendo el carácter de un bar de esquina o viviendo la presencia del invierno o del verano en una vereda arbolada caminada a paso lento. La diversidad de nuestros barrios se verifica en principio en sus habitantes de distinto origen social, poder adquisitivo o metas, que compar-ten la estructura residencial y productiva del barrio. Los programas se superponen y complementan coexistiendo creativamente, viviendas agrupadas e individuales en disímil estado de conservación o reciclaje, pequeñas unidades de producción (talleres, mini-industrias o depósitos), escuelas, iglesias, bares y cines que funcionan como referentes personalizados de un entorno acotados, y las veredas arboladas, esquinas y plazas que como hilván conductor del barrio son objeto de un intenso uso y otorgan sentido a lo privado y lo público inexistente en la "ciudad homogénea". Esta diversidad estimula al barrio, cuyo carácter deriva de la escala y de la estructura de los espacios públicos donde la gente diferente -pero igual- interactúa. La diversidad existencial carga emotivamente el sentido del barrio como leyenda y pertenencia genuina de los pobladores, a diferencia de la pertenencia de status o meramente funcional que tienen los barrios de prestigio o del centro. Es por eso que nuestros poetas han vertido sobre el barrio tantas palabras... No debiéramos olvidar, entonces, que en veinte años estaremos enfrentándonos con propuestas concretas para esta enorme mancha de casas bajas, encorsetada entre la ciudad de la ribera y el conflictivo cordón del suburbano. Si bien reconocemos las carencias y contradicciones del Buenos Aires actual, es difícil -o quizás inútil- cuantificar objetivos y aproximar propuestas globales para el destino urbano de nuestros barrios a escala del conflicto metropolitano. Simplemente, nos gustaría señalar algunas reflexiones acerca de cómo poner la mano sobre estas calles apuntando, sin bucólica, a rescatar lo esencial de una forma de vida colectiva posible.

Arquitectura en el barrio: una elección

Habiendo decidido vivir y trabajar en el barrio de Palermo Viejo, hemos establecido que lo que nos atrae del barrio es su escala y carácter. O sea que lo que realmente nos interesa "preservar", "mantener", "reencontrar" en nuestras obras son las situaciones y sus lugares más que las formas y su valor figurativo. Creemos así en la lección de la tradición más que en la imitación de la historia. (...) Creemos que la arquitectura por proponer en el barrio debe sentirse como la continuación de un contexto de patrones reconocibles como fachadas planas sobre línea municipal; arboledas macizas de plátanos y tipas; esquinas articuladas con ochavas; galerías, enredaderas y parras; bares y cafés de esquina; y en suma, todos los referentes formales que emergen de los usos de la gente. Por eso proponemos que la arquitectura del barrio debe incorporar la diversidad propia del entorno como dato positivo y rector, hacia una arquitectura que aspire a la organización de un lugar más que al orden del mismo, donde la organización surge de diversas situaciones y escalas, en general distintas entre sí pero convocadas a un fin en común. Ante la vigencia del reciclaje y la renovación en el devenir de usos del barrio, nuestra experiencia nos dice que a la hora de intervenir en edificios existentes la mejor lección es que lo que se propone debe ser superador de lo existente. Si no es así, mejor dejarlo como está o hacerlo de nuevo. Las soluciones constructivas y los materiales poseen una estética que debe evidenciarse, ya que surge de la belleza “natural” propia de la construcción y no de preconceptos referentes al prestigio de los materiales. Abogamos por una arquitectura de lo públicoa traves de las “pequeñas intervenciones urbanas” en espacios residuales identificados por los vecinos, y que pueden ser recuperados para el uso de la gente. Finalmente, la arquitectura que surge de preexistencias y vocaciones reales es la que se aproxima a una arquitectura nacional, lo que es particularmente cierto para la arquitectura del barrio. Si, a su vez, es parte de un proyecto común y mayoritario de la comunidad, resultará verdadera arquitectura popular.

Barrio, or neighbourhood, may well be the most significant urban vtword in the language of Buenos Aires. To speak of barrio is to say belonging, scale and character, myths and rituals that differentiate those areas where we live from others like the downtown, the harbor, the city or the suburbs. Immigration settled those neighbourhoods, growing rapidly from the harbor outwards in succesive semi-circles. Those myths and rituals still provide us with an immediate recognition of what a “neighbourhood girl” is, an identification of a football club or a corner bar, the precise feeling of a summer walk along a tree-lined sidewalk. The diversity of our neighbourhoods begins with the heterogeneous origins, purchasing power and goals of the inhabitants who share its residential and productive structure. Individual and group houses, small productive units, schools, churches, bars and movie houses meet heavily used street corners, sidewalks and squares, giving a special meaning to the concepts of public and private. This diversity stimulates the neighbourhood, whose character derives from the scale and structure of public spaces where people who are different -but equal- interact. The neighbourhood is also emotionally charged by this existential diversity: that is why so many of our poets have sung about the barrio. We should not forget, though, that in twenty years wte will be faced with decisions concerning those neighbourhoods of low-rise houses, fitted between the city on the shore and the conflictive suburbs. We should try to recognize, now, what the essential elements of this way of life are.

Architecture in the barrio 

Having decided to live and work in the barrio, Palermo Viejo, we have tried to define what attract us: its scale and its character. We would like to preserve situations and places, more than just forms and their figurative values. We believe, therefore, in learning from tradition rather than imitating history. New architecture in this neighborhood, then, should feel like the prolongation of a context made up of recognizable patterns such as facades level with the municipal lines, massive tree planting; galleries and climbing vines; corner bar and coffee shops: all those formal references that emerge from the way people use spaces. We believe, therefore, in an architecture that incorporates, as a guiding idea, the diversity of the environment; an architecture that aims at the organization of a place rather than at its order. Recycling and renovating are key topics when speaking of neighbourhoods; our experience tell us that when working on an existing building, what is new should transcend what exist, or leave it as it is. The aesthetics of construction techniques and materials should be evident, since it originates in their “natural” beauty and not in preconceptions about them. We advocate an architecture of public spaces through “small urban interventions” in residual spaces identified by neighbors, and which can be recuperated for people’s use. Finally, we believe that the closest to a national architecture is that which emerges from our own existing realities and concerns; this is particulary true of barrio architecture. If, moreover, it is inscribed in a community project, it will become true popular architecture.