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22/02/2015 - 15:26 Dos riberas, dos realidades, el mismo río.

  Dos riberas, dos realidades, el mismo río. La geografía natural desconoce límites políticos o fronteras jurisdiccionales. La geografía es lo que es. Tierra, cielo, agua, aire. No sabe el Riachuelo que divide a la autónoma ciudad de Buenos Aires de la vecina Avellaneda. No lo sabe, pero lo siente en las transformaciones que el argentino y el inmigrante fueron haciendo en sus riberas, lo siente en el esfuerzo de construir cruces peatonales y viales para unirse, lo siente en la polución y lo siente en las capas de historia que lo arrancaron de la naturaleza y lo recrearon como una avenida, como un canal veneciano, un Sena, un Támesis, un Danubio dividiendo/uniendo Buda y Pest, un Riachuelo entre Avellaneda y Buenos Aires. El “Doque” y La Boca debían estar tan próximos a principios del pasado siglo que un transbordador de sofisticada tecnología (1914)  los unió hasta con un tranvía, para que el impulso de Boca y Maciel fueran uno, dinámico y próspero. En los cuarentas el gigantesco puente vial que sobrevuela el Riachuelo y cae en Avellaneda previó espectaculares escaleras mecánicas -hoy recuperadas- que facilitaban el cruce peatonal. Tan unidos estaban que sonaban los mismos compases en boliches de ambos lados y las chapas cerraban las mismas casas, mas genoveses “aquí”, mas centroeuropeos “allá” pero un mismo el trabajo, la pobreza, la oportunidad, el  esfuerzo. Mi suegro polaco, Jurek, vivía en el “Doque” y cruzaba todos los días para ir a la escuela en Av. Pedro de Mendoza, en las aulas sobre las que el enorme Quinquela pintaba, entre esta ribera y la otra, un Río con obreros fluviales y sus barcos metiendo esa industriosa humanidad al paisaje, al río, a la barranca, a los bordes, a los galpones de ambos lados. Sí, La Boca se continuaba en Maciel y Maciel venía a La Boca. Hoy el agua sigue corriendo, más allá o más acá de los esfuerzos de recuperación y limpieza. El Transbordador aporta su escultural belleza, pero no transborda. Lo históricos botes llevan pobladores que, en un flujo dominantemente de Maciel, cruzan a Capital y de Capital vuelven a Maciel, madres que llevan hijos al Argerich, de la villa a trabajar a Capital y vuelta. A la barriada pobre, al incierto, al futuro. A La Boca caen de norte a sur los turistas, porteños o extranjeros y disfrutan novedades y museos, se pasean entre pobladores boquenses, que de las casas de chapa “pintorescas” se suman a la ecología del turismo y la cultura y así arman una cadena trófica productiva, activa y dinámica. El dominio de lo público es gigantesco y en consolidación, llegan de punta ejes urbanos en reconsideración que son hilvanados por Pedro de Mendoza, hay proyectos e intento puesto en que todo mejore. El metro cuadrado sube, hay inversión puesta y por venir. Recientemente el Municipio de Avellaneda hizo una inversión importante, funcionalmente necesaria, una vialidad ribereña que recorre la costa casi hasta el pie del Transbordador, para facilitar el acceso de camiones a las plantas y depósitos activos y en avance, pero no llega a redondear el apeo del Transbordador y el Puente, no se ponderó – aun - lo público como  Lugar con identidad y sentido ciudadano. El año pasado fui asesor del concurso de recuperación de la Ribera Norte del Riachuelo y cabecera del Transbordador. Fue organizado por el GCBA que, genuinamente preocupado por su borde de competencia jurisdiccional, lo llevó adelante. Se premió a un joven grupo de arquitectos, que encontró una formula simple, posible, realista, adecuada, de organizar la cinta publica quizás mas desafiante de Buenos Aires. Y uno se preguntaba, ¿cómo se puede hacer esto sin la costa vecina?, si este transbordador se arregla y vuelve a funcionar ¿a quién va a transbordar de este borde a Maciel y para qué? Hubo que poner en las bases que se abstuvieran los participantes de visitar el borde sur por su seguridad. Una visita a la isla y área de apeo del Transbordador tuve que hacerla acompañado de un móvil policial y entender así, bajo custodia, que la desigualdad que uniría el puente y hoy vinculan los botes requiere bastante mas que diseño. Las imágenes tomadas ese día muestran en la costa de Maciel el atractivo de lo espontaneo y del abandono melancólico, un sitio donde lo casual y el despojo nos acercan a tantos rincones similares de Latinoamérica. El muelle sur de los botes transfiere a unas calles imprecisas, una plazoleta olvidada, la presencia catedralicia del puente vial, una patrimonial esquina en deterioro, terminal de colectivos, carrocerías oxidadas, un enorme árbol sombrario, y las calles bacheadas que se meten en un impenetrable. La operación dignidad, recuperar el espacio público, hacer operable lo básico, siempre puede ser el inicio del estado de conciencia superador, véase Medellín, Guayaquil y otros cercanos. La oportunidad vendrá de tomar decisiones intensas en una maniobra de recuperación, rehabilitación y gestión consistente. Que el sentido original del Transbordador se cumpla, agilizar el acceso de Boca a Maciel, estimular el intercambio, el empuje, el desarrollo. Unir otra vez, sumar, de eso se trata, eso se puede, eso se debe.   Emilio Rivoira Mayo 2010



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